PROSA REBELDE Y ANTISISTEMA

Es un blog dedicado a la poesia diferente al verbo sangrante que en llamas revela el interior humano. Es un verbo rebelde y combativo lleno de odio y de amor de dolor y de grandeza. Es la contraposicion del ser. Es poesia del asfalto para el asalto. Asaltamos el mundo con unas palabras y como estandarte un sueño. Para el imperio solar y la revolucion espiritual. Poesia del asfalto para el asalto.,,

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ser Disidente Juan Pablo Vitali





Juan Pablo Vitali


Ser disidente, es llevar una espada de luz, por los laberintos de la edad oscura.

Ser disidente, es sentir a cada paso la soledad de la estirpe, aprentando nuestros corazones.

Ser disidente, es optar por las alturas, y también por los abismos.

Ser disidente, es tallar escrituras sagradas, sobre nuestra piel.

Ser disidente, es arrojarse sobre el acero desnudo de la espada.

Ser disidente, es volver siempre a las ciudades perdidas.

Ser disidente, es haber perdido el sol de la Atlántida, y recobrarlo en los hielos lejanos del Sur.

Ser disidente, es ver el rostro de hueso de nuestros muertos, como un espejo blanco en las tinieblas cotidianas.

Ser disidente, es disentir con los dioses, si estos, nos son adversos.

Ser disidente, es ocupar las calles, hasta dominarlas.

Ser disidente, es el mármol, el músculo, la piedra, el fuego, la montaña y los caminos.

Ser disidente, es el último lobo de Europa en la caverna, el águila dormida en las alturas, el ciervo bramando, en la profundidad de los bosques.

Ser disidente, es dormir sobre puñales, y despertar iluminado por los ojos de los niños, de Dresde, de Berlín, y de Hiroshima.

Ser disidente, es asediar el tiempo del silencio, con banderas que estallan acercándose en el viento.

Ser disidente, es ser siempre el último en retroceder, y el primero en avanzar.

Ser disidente, es ser el último hombre de pie, si es necesario, con el sol por testigo, y la llama eterna de los nuestros por bandera.

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Fuente: http://juanpablovitali.blogia.com/2009/030801-ser-disidente.php

El Hidalgo Disiente

viernes, 13 de noviembre de 2009

Muerte por la patria Friedrich Hölderlin


Les dejo esta hermosa poesía de Holderlin el gran poeta alemán, dedicada a los que murieron por su patria.

Muerte por la patria

Friedrich Hölderlin


¡Llegas, oh batalla! De las colinas
bajan al valle oleadas de jóvenes
para enfrentar a los insolentes invasores,
seguros de su arte y de su brazo.
Pero más segura que todo,

el alma de los jóvenes se abate sobre ellos
pues los justos pegan como magos
y sus cantos patrióticos
paralizan las rodillas de los infames.

¡Recibidme, recibidme en vuestras filas,
no quiero morir un día de vil muerte!
Morir inútilmente me horroriza;
pero sí caer en el altar de la patria,

desangrar mi corazón por la patria.
Pronto esto será un hecho. Aquí estoy,
yendo hacia vosotros, camaradas,
que me enseñasteis a vivir y a morir.
¡Sí, ya bajo a la batalla!

¡Cuántas veces bajo el sol tuve sed
de veros, héroes y poetas de otros tiempos!
Ahora acoged como amigo al humilde extranjero
y seremos unos de otros hermanos.

Ya llegan los heraldos de la Victoria:
¡La batalla es nuestra! Sigue viendo
en lo alto de la luz, oh patria,
y no cuentes los muertos. Porque por ti,
ni uno solo de más ha caído.

El Hidalgo recuerda a los caídos

miércoles, 21 de octubre de 2009

Ramón de Basterra y Zabala. Gran Poeta Español Y Vasco.

Un gran poeta de la gran España, un Vasco. Un idealista, un Vanguardista.


Una breve biografía de Don Ramón de Basterra y Zabala:


Escritor español cuya obra, de gran vehemencia, dedica particular atención a los temas hispánicos y a la recreación de mitos culturales. Hombre de vasta formación humanística, Ramón Basterra extendió su curiosidad intelectual a la riqueza cultural e histórica de los países en que residió en calidad de diplomático, lo que le permitió ir desarrollando un interesante concepto de la Hispanidad que el denominó "Sobreespaña". En general, el escritor bilbaíno identificó su nación como la encarnación de los antiguos ideales latinos, sobre todo cuando, destinado en Italia y en Rumanía, pudo investigar ampliamente la herencia cultural de Roma en los diferentes territorios mediterráneos que cayeron bajo su influencia.

Con técnica del Futurismo canta la máquina y el destino fecundo de los pueblos hispánicos: la "Sobrespaña", concepto que presagia el de Hispanidad.




En Rumanía comenzó a redactar su célebre libro titulado La obra de Trajano (1921), que vio la luz en España cuando las diversas estéticas vanguardistas comenzaban a calar en los primeros escritos de los poetas agrupados luego bajo el marbete de Generación del 27. Posteriormente, Ramón Basterra fue trasladado a Venezuela, en donde escribió otro de sus textos emblemáticos, presentado bajo el título de Los navíos de la Ilustración (1925).

Respecto a la singular evolución que fue experimentando su producción poética durante su breve existencia, cabe señalar el paso desde un simbolismo inicial centrado en las descripciones de los paisajes vascos de su infancia y adolescencia, hasta los ya mencionados preludios de la propaganda ideológica del fascismo, imbricada, en su caso, en fuertes connotaciones católicas y una fuerte añoranza imperialista.

Entre las obras más destacadas de Ramón Basterra, conviene recordar algunos títulos como La sencillez de los seres (1923); Las urbes luminosas (1923), plagado de riquísimas formas estróficas procedentes del barroco; Virulo I. Las mocedades (1924); Los labios del monte (1925), inmerso de lleno en el lenguaje y la métrica vanguardistas; y Virulo II. Mediodía (1927).

A LOS JÓVENES DOLOROSOS. (Ramón de Basterra, Bilbao 1888-Madrid 1928)



¡Ah, joven doloroso, joven triste,
que sufres como yo del mal de España,
y que una negación honda, en tu entraña,
tienes, clavada, contra lo que existe!
—Tu virgen corazón vibra de saña,
de santa saña, porque no tuviste
lo que pidió tu amor cuando naciste
de la Patria, una idea y una hazaña.
La general inepcia fue el veneno
que atosigó tu juventud vehemente
y de asco y de dolor yo te sé lleno.
¡Mas el futuro es nuestro y esa gente
que hizo nuestra desgracia se va al cieno!
Hermano, aquí va un ósculo a tu frente.


Poesía dispersa – Ramón de Basterra (1918)

http://revolucionatuciudad.blogspot.com/


El Hidalgo en busca de una idea y una hazaña

domingo, 18 de octubre de 2009

El Ultimo Dia de Diego Urioste


Una poesía de nuestro amigo Diego Urioste, de España.
Sobre esta época que vivimos, el Kali Yuga.




El betún de Judea conquistó el último jardín
mientras se digitalizaba el suspiro del viento.
Suministro de Prozac para el enloquecimiento.
¿Dónde está el dulce perfume del jazmín?

Los aparejos, pertrechos y herramientas
fueron reemplazados por eficaces programas.
Ahora controlan hasta las tormentas,
y la memoria se almacena en fotogramas.

El pintor tiró su último pincel
el escultor, su cincel
Los brokers pontifican: ¡sube el pixel!

Las dudas, los misterios y las sombras
fueron alumbradas con diodos LED.
Repiten slogans en grandes pantallas:
¡comprad, vended, obedeced!

Llorar
no es rentable,
reír
no es productivo.
En un chip
millones de pensamientos
y tu talento
es conflictivo.

Nuestro pasado, estereotipado
Nuestro presente, decadente
Nuestro futuro ¡de ti depende!

Diego Urioste
http://urioste.eu/

viernes, 2 de octubre de 2009

Serenidad, Poesia que nos Envian, de Martin Vazquez



Agradecemos a Martin que nos envie sus letras. Y llamamos a todos los que escriben a enviarnos sus poesias o escritos para su publicacion.

Serenidad



Si un mensaje de verdad estaria yo esperando, con ansiedad, bajo el abrigo de la lluvia en la mañana aun sin conseguir el sueño, existe entonces esa ilusion consiliadora que alcanza la busqueda en su propia velocidad. La necesidad de recuperar la verdad, pero entonces, quien sera mas merecedor de llamarse justiciero y levantar el pecho en dicha busqueda!. Quiero ser yo el que no ceda ante la sombra de la calumnia, y me ilusiono con recivir un mensaje que no encuentra razon de ser. Duermo. Para cuando no terminaba de soñar con semejante luz entre las nubes, mis ojos abiertos me desconcertaron. Un pie en el suelo para centrar la vista y ese deseo seguia presente. Lo vi queriendo hacerme recordar en la oscuridad de las luces que vi en mis sueños. Me llamaba con el silencio que hacia y esa angustia aparecia otra vez, es un hambre insaciable. Puede ser lo que necesite para sanar mi vergüenza la que me impide limpiar el fondo de mi alma. Hambre del conocer y aprender a escuchar, aprender a aprender. Sed de grandeza, victoria y justicia. Corri por las escaleras como un niño somniolento al arbol de navidad. Abri las puertas al perro y al salir respiramos la humedad y el frio con extasis acariciados por cariñosas gotas de lluvia. Apenas un abrazo como gesto de amistad, no es ninguna recompensa, es todo lo contrario. Yo sigo buscando mi mensaje de verdad. El cielo esta cubierto por una flota de nubes negras, cubierto por completo. Al mismo tiempo fijar la vista se hace tan doloroso que los ojos se van cerrando como una amenaza, será esta vida de ermitaño que me reduce a la sombra de luces artificiales!. Es la grandeza que admiro la que lastima mis ojos ante mi ansiedad. Tengo la costumbre de caminar en circulos. En este sentido me vi apoyado ante las leyes naturales. Oidos sordos a la bastardia moderna y a los residuos de su existencia!. Yo soy impenetrable como el roble y se danzar entre los muertos como el ceibo retorcido en su angustia. Mi angustia vuelve a aparecer con un color distinto. Para mirar al cielo hace falta serenidad, inocencia y valor. Recien ahora me estoy dando cuenta de lo mucho que hay que buscar.

Inspirado en Tyr y el despertar.

Martin Vazquez

El Hidalgo en Paz Interior

domingo, 20 de septiembre de 2009

¿Por qué ya casi no hay ni poetas ni guerreros? Juan Pablo Vitali



A los niños de fuego y de ceniza
A las ciudades arrasadas desde el aire


La poesía y la guerra nacieron juntas. Cuando el hombre tantea la muerte, siente indefectiblemente la necesidad de vincularse a algo más elevado que él mismo, superándola. Los pueblos indoeuropeos nos han dejado extensos testimonios de ese intento. El Bhagavad Gita, la Ilíada, las Sagas, el Ciclo del Grial, los Cantares de Gesta. Todo forma parte de un intento de superación de la muerte mediante símbolos estéticos, que son también símbolos sagrados.

En el instante extremo del combate es muy poco lo que puede considerarse esencial. Los antepasados y los dioses se convierten entonces en parte del guerrero. Viven ya en un mismo mundo, definitivamente, aunque el guerrero se mantenga todavía con vida.

Por eso van juntas la poesía y la guerra, porque los valores del último instante son de algún modo absolutos, y porque la muerte material debe ser superada por un alma inmortal que se lo ha ganado en la batalla.

No hay nada más poético que la muerte de un guerrero. Esa muerte implica un cambio en el universo mismo, en la sucesión de la sangre, en la comunidad que lo ha engendrado y seguramente también en los mundos invisibles donde viven los guerreros que lo han precedido.

No hay guerra sin poesía. La muerte convierte al caído, ipso facto, en un superhombre. No importa que un poeta no cante esa muerte en particular. Podría decirse que no hay muertes particulares cuando se ha ingresado como ciudadano en esa república aristocrática de la muerte con honor.

Existe, sin duda, una gloria común a todos los leales. Y dos veces benditos son los que además de pelear sinceramente, lo hacen por una causa justa. Los sinceramente equivocados tendrán también su paraíso, pero los sinceros de justas causas se elevarán sin duda a la categoría de semidioses.

En la entrega de la sangre está seguramente la estética absoluta de un espíritu poético, porque la sensibilidad del poeta y del guerrero son similares. Sólo es diferente su forma de atravesar la realidad, en un viaje hacia una realidad superior y pura, luminosa y fatal. Sobrehumana, en el sentido nietzscheano.

A medida que la edad oscura avanza, resulta más extraño encontrar una expresión o una acción heroica. Ya casi no hay poetas ni guerreros. Se han convertido en parte de una realidad extemporánea. Los hombres de esta época se mueren de forma intrascendente.

La degradación torna difícil la poesía, que desaparece como va desapareciendo la guerra en el sentido antiguo. Muy pocos hombres comprenden hoy el sentido primordial y sagrado de la poesía y de la guerra.

Algún día, pasados milenios de milenios, ese sentido sacro de las cosas volverá, para expresarse nuevamente en su real dimensión. Mientras tanto, siempre hay un pequeño espacio y un breve instante donde la estética y el pensamiento atraviesan la oscuridad. Es un punto a veces mínimo, pero a través de él podemos atravesar la eternidad, como nuestras abuelas enhebraban el hilo de coser en una aguja.



El Hidalgo Por el Retorno de la Poesia Heroica y de los Heroes Poeticos

domingo, 13 de septiembre de 2009

La Patria de Jorge Luis Borges

Un excelente poema del Gran Jose Luis repleto de metafisica y sentimiento.


LA PATRIA

Por Jorge Luis Borges


Nadie es la patria. Ni siquiera el jinete
que, alto en el alba de una plaza desierta,
rige un corcel de bronce por el tiempo,
ni los otros que miran desde el mármol,
ni los que prodigaron su bélica ceniza
por los campos de América
o dejaron un verso o una hazaña
o la memoria de una vida cabal
en el justo ejercicio de los días.

Nadie es la patria. Ni siquiera los símbolos.

Nadie es la patria. Ni siquiera el tiempo
cargado de batallas, de espadas y de éxodos
y de la lenta población de regiones
que lindan con la aurora y el ocaso,
y de rostros que van envejeciendo
en los espejos que se empañan
y de sufridas agonías anónimas
que duran hasta el alba
y de la telaraña de la lluvia
sobre negros jardines.

La patria, amigos, es un acto perpetuo
como el perpetuo mundo. (Si el Eterno
Espectador dejara de soñarnos
un solo instante, nos fulminaría,
blanco y brusco relámpago, Su olvido.)
Nadie es la patria, pero todos debemos
ser dignos del antiguo juramento
que prestaron aquellos caballeros
de ser lo que ignoraban, argentinos,
de ser lo que serían por el hecho
de haber jurado en esa vieja casa.
Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar.

Nadie es la patria, pero todos lo somos.
Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante,
ese límpido fuego misterioso.


EXTRAIDO DE: ARS MILITIA

eL Hidalgo en Patriotismo y Metafisica

miércoles, 9 de septiembre de 2009

POESIA CONTRA ESTRUCTURALISMO MARXISTA

Un interesante texto del Doctor Disandro repleto de filosofia y pensamiento. Sobre la poesia y el dogma marxista.
Para reflexionar.


POESIA CONTRA ESTRUCTURALISMO MARXISTA

1.- El estructuralismo marxista, ampliamente propagado, alentado y sostenido en Occidente, en particular en las universidades, parte de una noción del lenguaje, como enigmático estadio de una dialéctica evolucionista del hombre; éste último, a su vez, último estado de una dialéctica evolucionista de la natura. Natura+hombre+lenguaje dan así los fundamentos de las coordenadas de la lingüística estructuralista (en sus muy variadas formas y tendencias). El destino de esta tentación de la "razón abstrayente", de este "neo-cartesianismo" de las funciones lingüísticas parece comenzar su propio fin.

2.- Como Vico enfrentado al racionalismo geométrico de Descartes y su escuela, es oportuno señalar la falencia de este estructuralismo ante la plenitud del logos en la semántica, y más particularmente, la quiebra del estructuralismo marxista o marxistoide ante la semántica poética, o en forma más específica, ante la semántica lírica. De este enfrentamiento creo se deducen algunas consecuencias teóricas (respecto de la concepción del lenguaje, que el marxismo somete a categorías, en última instancia de raigambre kantianas); y otras consecuencias, más bien prácticas (respecto del renovado prestigio de la creación poética, como un acto de plenificación del mundo, que derrota aquel estructuralismo).

3.- La semántica lírica puede ser objeto de una indagación estructuralista, por supuesto; pero no puede ser integrada en la "serie" de las funciones ascendentes o descendentes, en la misma medida que esa semántica implica una suerte de partenogénesis del lenguaje. El poeta funda un lenguaje, crea un espacio de inteligibilidad, establece coordenadas absolutamente inconfundibles y propias, en una cierta diástole del logos, en tanto que expresión lingüística; en una cierta sístole del logos, en tanto el sistema semántico de un poeta, de un poema, e incluso de un verso responde a un fundamento no genérico, no específico, sino puntiforme, único, absoluto. Por eso el poeta no sólo dice, expresa, explora o glorifica, sino que también funda. Y lo que funda permanece, según Hólderlin: Was bleibet aber, stiften die Dichter.

4.- De aquí se puede suponer que la poesía al superar los controles funcionalistas del marxismo, recobrará los trasfondos humanísticos del lenguaje y abrirá con su "semántica" una ruta de recuperación, instauración y creación como soñaron muchos líricos (en siglos de edificación de esa semántica de las realidades objetivas y del logos fundante). Creo que se impone contraponer precisamente el signo fundante (de una res indivisa, diríamos en latín) de la semántica poética en general, y el signo funcionalista de las supuestas estructuras (analíticas o sintéticas del estructuralismo marxista, sus aledaños, compañeros de ruta, etc.).

5.- Esa instauración lírica implicará contra los controles funcionalistas del materialismo dialéctico reabrir las sagradas fuentes (sanctos recludere fontes) de la semántica griega y latina, de la semántica romance o germánica, para recuperar así las raíces dormidas de las estirpes, que de algún modo inhabitan esas rotundas e inderogables totalidades significantes. Se producirá una relectura de los textos antiguos o del Renacimiento -para dar un ejemplo-, y se reiniciará el asombro ante Homero o ante Petrarca. Esto se ve incluso en la venerable ciencia de la filología clásica, fatigada de ser recurso industrial que tritura a los viejos dioses, a los númenes potentes.

6.- Esas perspectivas parecen desbordar en forma absoluta la antropología marxista fundada en la noción del hombre como Gattungswesen (la de ser genérico), y que impregna, como sabemos, todos los niveles del marxismo y todas sus traducciones e implementaciones históricas: socio-políticas, socioeconómicas, socio-lingüísticas, etc. Pues la poesía, o más exactamente el despliegue de la semántica lírica propondría en cambio en la realidad o en la historia del lenguaje poético, una suerte de capacidad vicarial del poeta: el mundo se insume en su semántica, o tal vez su semántica sostiene el mundo.

7.- Finalmente convendría dedicar un párrafo a las consecuencias pedagógicas de este enfrentamiento entre semántica y estructuralismo. Distinguiríamos en el futuro inmediato dos consecuencias fundamentales: 1) la relectura semántica hará redescubrir el mundo y aventará muchas nubes, mucho polvo, mucha ceniza, mucho papel inútil; 2) ese redescubrimiento obligará a reordenar, corregir y renovar muchos contenidos de la enseñanza en todos sus niveles. Quizá podríamos sintetizar esta comunicación diciendo que el reino inviolable de la Musa (como inhabitación del Logos en el mundo) vence una vez más los detritus de una razón tecnificada, que a nivel de las ciencias lingüísticas ha dado el estructuralismo marxista. Preveríamos un cierto neo-romanticismo en que de nuevo natura y hombre se elevan al campo de la inspiración, y por ende una cierta recuperación de las tradiciones vigentes en el recatado reino de las totalidades semánticas.

Prof. Carlos Alberto Disandro

eL HidalgO cONTra la DiaLeCTICA MarxIsta MaTeRiAlIStA


martes, 18 de agosto de 2009

Para el libertador

Poesias que honran al general San Martin.




"Para la Patria todo lo que la Patria pide:
Que la alegría no entra en componendas y el honor no se mide.
Para ella la nieve arrebatada y el aura del jardín.
Y la herida y el canto y el clavel y el clarín.
Los que vivimos la alegría
De pedir cada día honradamente nuestro poco de pan
y nuestro poco de poesía.
Los que tenemos el consuelo
De saber que la Patria es un ensayo de esperanza y de cielo.
Los de la Patria antigua y el acento inmortal,
los de la sangre limpia, ¡con usted, General!"

Ignacio Braulio Anzoátegui



ANTE LOS RESTOS DEL GENERAL

Faltaba esa reliquia a nuestra tierra,
este homenaje a nuestro honor faltaba;
la memoria del héroe reclamaba
en la patria el sepulcro que hoy cierra.

Ante él se inclina el genio de la guerra,
cuya luz su alta mente iluminaba
cuando el libre pendón triunfante alzaba,
del mundo asombro, en la gigante sierra.

Fue su gloria sin mancha y sin ocaso;
de Mayo el verde lauro la eternice,
y antes de hollarle América sucumba.

Rompió el alma inmortal su frágil vaso:
“Yace aquí San Martín” el mármol dice;
pero a tal nombre es pórtico la tumba.

Carlos Guido y Spano

El Hidalgo SanMartiniano

jueves, 23 de julio de 2009

Patriotismo de José M. Braña


Patriotismo

Si yo hubiese vivido en tiempos de Belgrano,
San Martín, Rivadavia, Moreno y Pueyrredón;
hubiese dado pruebas de un valor ultrahumano
defendiendo el prestigio de nuestro pabellón.

Empuñando la pluma o esgrimiendo el acero,
honrando a esta mi patria y honrándome a mí mismo,
mi fama, acaso, hubiera corrido el mundo entero;
acaso hoy fuera ejemplo de noble patriotismo...

El ayer me obsesiona. La sangre que he heredado
me finge ante el peligro estoico y arrojado...
Quisiera ser un águila y soy un aguilucho;

mas mi afán de victoria lo imposible avasalla...
¡Yo moriré entre el cruento fragor de una batalla,
envuelto en mi bandera, lo mismo que Falucho!


José M. Braña
Revista PBT
1916

¡El Hidalgo alza la bandera Azul y Blanca!

domingo, 19 de julio de 2009

A INGLATERRA, UNA POESIA CRITICA DE 1896

Una poesia contra el imperio Britanico y su imperialismo.

Extraido de: http://aurora-arg.blogspot.com/2008_12_01_archive.html




Abilio Manuel Guerra Junqueiro fue, entre otras cosas, un poeta nacido en Portugal en 1850 que a los 46 años de edad escribió una de las más reales y bellas poesías contra el Imperio Británico, de que se tenga noticias. Nosotros como argentinos, entenderemos lo que el portugués ha querido expresar en sus versos, porque hasta nuestros días consideramos, por múltiples ejemplos de sangre y venganza, que ha sido Inglaterra el enemigo declarado de nuestra nacionalidad.

Los ingleses han sido los que desde el génesis mismo de nuestra identidad impulsaron la destrucción de la hispanidad, de nuestros valores, gracias a la activa participación de los traidores que le sirvieron con rotunda pleitesía y devoción.

Haciendo apenas un poco de memoria, recordamos la frase que dijo el primer ministro inglés de madre hebrea, Sir Winston Spencer Churchill, en 1955, ante la Cámara de los Comunes en Londres y tras el golpe de Estado liberal contra Perón ese mismo año: "La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial. Las fuerzas del imperio británico no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida ni tampoco después de muerto" (En su idioma original: "the fall of the tyrant Perón in Argentina is the greatest reparation of the pride of the Empire, as important for me as the victory in the Second World War, and the forces of the British Empire will not give him any truce, nor will they rest in the fight against him, be he alive or dead.").


Los ingleses fogonearon a sus agentes internos -catalogados con el mote de 'cipayos', que deriva de los hindúes que con las armas en la mano se ponían bajo la tutela de Gran Bretaña- para matar a Manuel Dorrego e iniciar la lucha civil en la Patria; mandaron a pelear a los ejércitos mitristas contra el gauchaje y las montoneras federales; financiaron la destrucción sistemática de Paraguay en el siglo XIX; cooptaron para su beneficio los resortes básicos de la economía nacional desde 1852 a 1943, mediante empréstitos usureros y el tendido de ferrocarriles, principalmente; apoyaron y financiaron la caída de Juan Domingo Perón en 1955; desde Londres, los ingleses colocaron en nuestro país un exorbitante cargamento de armas y municiones, hacia 1975, en pleno accionar de la guerrilla subversiva marxista y las organizaciones de ultraderecha; y el 12 de octubre de 1982, día que para nosotros se celebra el Descubrimiento de América, en las calles londinenses festejaban, con desfiles y todo, la victoria británica en la guerra de las islas Malvinas. Y no nombramos las dos Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 ni los entretelones que disputaron con algunos de los hombres de la Revolución de Mayo de 1810, ni las elucubraciones planificadas por la libre navegación de los ríos en la época de la Confederación Argentina.

No satisfechos con todo ello, nos venimos a enterar que una ONG inglesa, la "British Humanist Association" (BHA), colocará anuncios en los autobúses de Londres con avisos apóstatas que sugieren la inexistencia de Dios, para enero de 2009. Desde luego, esta masónica iniciativa se expandirá por el mundo, como no podía ocurrir de otro modo a un país que fue imperio. Sin ir muy lejos, en los primeros días de diciembre de 2008 tuvo lugar en Rosario, el Primer Congreso Nacional de Ateísmo...

Pero retomando al extinto autor portugués Guerra Junqueiro, su poesía "A Inglaterra" encierra todos los vicios de la Gran Bretaña, los mismos que padecimos y padecemos los argentinos y, por qué no, el mundo entero:


A INGLATERRA (Guerra Junqueiro, 1896)

¡Oh, cínica Inglaterra! ¡Oh, beoda imprudente!
¿Qué deben tus colonias a tu gran corazón?
La hipocresía, la Biblia, el aguardiente:
la mortaja de Cristo les diste, largamente.

Vendes tu amor a metros con tus manos bastardas
y vendes a tu Dios, sólo atenta a tu fin;
de su vieja cruz haces culatas de espingardas,
su cuerpo lo conviertes en pólvora y bombardas,
su sangre la transformas en aguarrás y gin.

Tus apóstoles van, prostituta insolente
con el fin de salvar a la negra ralea
en busca de los negros de oriente y occidente,
bautizándolos en jordanes de aguardiente,
mostrándoles tu Dios en tu hostia: la Guinea.

Tu honra te importa menos que moneda constante
y tu pudor es como un matabel en cueros;
ladrón de cuenta abierta, bárbaro traficante,
entregas a los negros, para hacerlos corderos,
tu Biblia, a cambio de colmillos de elefantes.

Tu religión...tu Biblia...tu Biblia es una agenda
donde en números truecas las virtudes humanas
y un Dios de compra-venta es el Dios de tu ofrenda:
Cristo, resucitado para abrir una tienda
de alcohol, de carbón, de corchos y de panas.

Por las sendas del tiempo, ¡oh, milano dañino!
arda un pueblo a los logros de su estrella polar,
y tú eres el ladrón que le sale al camino
con las mañas del lobo, y el coraje del vino
a exigirle la bolsa para dejarle andar.

Si ves a un pobre, al hombro te echas la carabina;
si ves a un fuerte, callas, y esperas que te dé;
ora pide tu mano, ora asesina,
y es tu orgullo, cobarde bayardo vil de esquina
un tigre que anda a rastras y un lacayo de a pie.

Y sola quedarás en tu isla normanda
con tus viejos barones de los tiempos de Arthur,
devorará tu pecho, como un cáncer, la Irlanda,
y en tu carne has de ver, ¡oh, meretriz nefanda!
que la sangre da lodo, y que el oro da pus.

Y como unos brutales monstruos de pesadilla
en las tristes entrañas de una nave sin rumbo,
a la luz que proyecta la tormenta amarilla,
sientiendo a cada embate que se parte la quilla,
sintiendo que son presa del mar a cada tumbo.

Se degüellan febriles, roncos, dilacerantes,
ardiendo las pupilas en brasas infernales,
panteras contra hienas, osos contra elefantes,
culebras retorciendo los anillos sonantes,
búfalos embistiendo leopardos y chacales.

Asimismo vosotros, dura raza asesina,
sobre la patria nave, que azota el mar rugiendo
habéis de degollaros en feroz degollina
de la que sólo quede, baja densa neblina
y entre charcos de sangre, una gomorra ardiendo.

Y millones, millones de bocas afanadas
han de dilacerarte los miembros con furor
y tu piedra a estallidos, tu carne a puñaladas
han de caer, del mismo látigo ensangrentadas,
entre crujir de huesos y blasfemias de horror...

Sobre tu cuerpo, el Támesis desbordará su risa,
del cuerpo de tu rey comerá un perro hambrón,
tu suelo ha de temblar, maldita pitonisa
y la ralea sin ley, sin Dios y sin razón
rasgará tus entrañas pútridas, Dios millón...!

Bancos, docks, almacenes, prisiones, monumentos,
reventarán, ni resto, ni rastro ha de quedar...
y al fragor que levanten tus últimos lamentos
responderán ¡ladrando! las furias de los vientos,
contestará ¡escupiendo! la ironía del mar...!


El Hidalgo contra los piratas!

lunes, 13 de julio de 2009

CANCIÓN DE GUERRA Y DE VICTORIA y CAMINO INTERIOR DEL ESTANDARTE de Jorge Salvador Lara

Gentileza de: http://elotroecuador.wordpress.com

Jorge Salvador Lara, escritor, historiador, catedrático, diplomático y jurisconsulto nacido en la ciudad de Quito. El Dr. Jorge Salvador Lara sirvió al Ecuador desempeñando diferentes cargos públicos y privados. Ha sido catedrático universitario, fue Cónsul del Ecuador en Lima, Diputado al Congreso Nacional por la provincia de Pichincha, y Canciller de la República en dos ocasiones: La primera durante el gobierno del señor Clemente Yerovi, y más tarde durante la dictadura del Consejo Supremo de Gobierno que presidió el Calm. Alfredo Poveda Burbano. Por su contribución a las letras y la historia ha sido llamado al seno de los más importantes organismos nacionales y extranjeros como la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el Ateneo Ecuatoriano, la Academia Ecuatoriana de la Lengua, la Sociedad Bolivariana del Ecuador, el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, la Academia Nacional de Historia, de la cual fue elegido Presidente; el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, el Instituto Hispano-Ruso-Americano de Derecho Internacional, la Sociedad Paraguaya de Investigaciones Históricas, la Sociedad de Investigaciones Históricas de Guayaquil, la Asociación Argentina de Derecho Internacional y muchas más. Es además Cronista de la Ciudad de Quito. Militó en su juventud en ARNE- Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana, involucionando posteriormente y afiliándose al partido conservador. Estos versos son obra de su juventud militante.

Estas poesias aparecen en “Cuaderno del combatiente”, Editorial Moderna, Quito, 1959, Publicaciones cultura popular del Movimiento ARNE – Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana, No 12



CANCIÓN DE GUERRA Y DE VICTORIA

Alegre voy al campo de batalla
alzando al cielo el rojo pabellón.
Fuego tendrá mi grito de victoria,
lumbre la noche, vida la pasión…
- – -
Sin quebrar la sonrisa en mis labios…
Sin que tiemble, en el pecho, el corazón,
¡adelante! ¿Qué importa la metralla?,
la granada, o el tanque, o el cañón?
- – -
¡Corran ya llamarada de mi sangre!
¡Entonen mis heridas su canción…!
No hay fatiga ni sed en la esperanza:
no habrá derrota si confío en Dios…

¡A vencer! A vencer en el combate…
Lejos queden la muerte y el dolor…
Ya prendidas están en mis pupilas
la luz del alba, el triunfo y el amor…

Florecerán grandeza la victoria,
sol la sonrisa, vida la ilusión,
cuando la paz, con sus marciales gritos
venga trayendo luz al corazón.

Jorge Salvador Lara

CAMINO INTERIOR DEL ESTANDARTE

Por las verdes heridas de mis ojos
desangrados de insomnios en la espera,
con sus marciales pasos mi bandera
vendrá, encendida en fulgores rojos.
___

Desafiaré la muerte y los abrojos
que prenden de dolores la trinchera
por llevarla en mis venas prisionera
hasta rendir a su rival de hinojos.
___

Por libertarla me ha de herir la brisa
para clavar, alegre, contra el cielo
reflejos escarlata de su gloria.
___

Y en mi lucha final, una sonrisa
desplegará mi sangre sobre el suelo
como roja proclama de victoria.

Jorge Salvador Lara


El Hidalgo Saludo a sus hermanos Ecuatorianos

viernes, 26 de junio de 2009

¡AL CAPITAN!

Al Capitan Corneliu Codreanu y su heroica legion.



Cuando Europa regrese a sus raíces
vestida con antiguas cicatrices
como en el alba de su edad primera.
Y suba por los montes solitarios
una estirpe imperial de legionarios.
Su muerte, Capitán, será bandera.
Cuando el Tabor se crispe refulgente
anunciando el origen de Occidente
-la razón teologal de toda historia-
0 se repita el gesto de Betania
al contemplar el cielo de Rumania.
Su vida, Capitán, será victoria.
Cuando arome el incienso y el laurel
la imagen del Arcángel San Miguel
alzada en cada altar y en cada mesa.
Habrá un canto de amor por los caídos
presentes en el rezo de los nidos.
Su nombre, Capitán, será promesa.
Cuando el honor conduzca a las naciones
hacia el rumbo que marcan sus pendones
estampados en Cruz por estandarte
la ley del sacrificio y del trabajo
regirá inapelable como un tajo.
Su ejemplo, Capitán, será baluarte.
Cuando su sangre que brotó en martirio
fecunde de la raza un nuevo lirio
y la luz del dolor se haga visible.
Cuando doblen campanas en los templos
celebrando el valor de sus ejemplos.
La Legión, Capitán, será invencible.



Antonio Caponnetto
Buenos Aires, 13 de septiembre de 1999.
Centenario del nacimiento de Codreanu


¡El Hidalgo Legionario!

jueves, 11 de junio de 2009

Poesia de Resistencia

Esta poesía anónima la encontré en un blog español que ahora paso a nombrar.
No se quien es el autor, entonces sera un Poeta del Asfalto mas.
Espero les agrade.
http://antagonistas.blogia.com/2007/071001-poesia-y-resistencia-.php



No digáis que somos pocos
y que la tarea es demasiado grande para nosotros.
¿Diríais acaso que dos
o tres pequeñas nubes
son pocas sobre el horizonte
del cielo estival?
En un momento
se extienden por doquier,
serpentean los rayos,
estallan los truenos
y llueve sobre todo.
No digáis que somos pocos,
decid solamente que somos.


El Hidalgo en la Resistencia al mundo Moderno

domingo, 7 de junio de 2009

POESIA Y REVOLUCION

Un excelente escrito sobre la poesia y su caracter Revolucionario.

de JUAN PABLO VITALI

“La poesía es el fundamento que soporta la historia.”

Martin Heidegger

¿Cuántas veces se ha hablado de poesía y revolución? Las izquierdas repiten una y otra vez que los poetas deben escribirle a la revolución. Es extraño que una ideología materialista como el marxismo, por ejemplo, pida a los poetas que le canten a su dogma para imprimirle algún tipo de espíritu. Pero la revolución es voluntad, por lo tanto se necesita contar con el favor de los espíritus.

Si no tomamos la palabra revolución en sentido progresista y le damos un contenido más amplio, como el de un cambio respecto al orden establecido, podemos encontramos con otro tipo de revolución. Una Revolución Conservadora (como la que en los años veinte y treinta hubo en Alemania), por ejemplo. Una revolución que quiere justamente invertir el orden impuesto por el progresismo. Entonces tenemos más libertad, con respecto al reconocimiento de factores no materiales en la historia humana, y cierta coherencia respecto al papel de la poesía en la revolución.

El tipo de hombre que pretende producir cambios revolucionarios, si es sincero, busca mejorar una sociedad que considera injusta. Una idea bastante poética sin duda, aunque se trate de un revolucionario de concepciones que consideremos equivocadas y poéticamente contradictorias.

Sabemos que, en ocasiones, los revolucionarios siguen alternativas falsas y van hacia un sacrificio inútil. Muchos sinceros revolucionarios soviéticos, por ejemplo, se sorprenderían de los resultados a los que llegó una revolución en la que poéticamente creyeron. Si es que les quedó algo de poesía, después de contar los millones de muertos que originara.

Eso sí, lo que nunca voy a entender, es cómo alguien que se considera poeta puede inflamar su espíritu con doctrinas antiespirituales. Y pese a que nunca desentrañaré el misterio, no dejaré por eso de admirar ciertos poetas que, al parecer, desconocen la importancia histórica del mismo principio que les otorgó el don de escribir, y que su propia ideología materialista pretende desconocer.

Pero un poeta revolucionario sólo se justifica por su obra. Si su obra es buena, aún en el error político el poeta sigue siendo poeta, de lo contrario, sólo es un revolucionario equivocado, algo que ciertamente puede terminar muy mal, como hemos visto tantas veces a lo largo de la historia.

El plano político no es el plano poético, aunque no haya movimiento político completo sin su costado poético.

Los que sostienen una exaltación poética revolucionaria en base a ideologías materialistas deben resignarse a algo bastante obvio: es el espíritu y no la materia el fundamento de la poesía. De todos modos, ya tendrán ellos, seguramente, alguna forma ideológica de superar las contradicciones.


¡POESIA Y REVOLUCION!

miércoles, 27 de mayo de 2009

Viejo Tercio


Les dejo esta poesia que llega desde españa. Sobre los antiguos tercios, esos bravos guerreros espero la disfruten les dejo el blog de origen de la misma:

Viejo Tercio

Resiste tu figura, oculta en la umbría.

Temerario de la muerte, siervo de la sangre.

Tus heridas, símbolos de hombría.

Criado entre sudor y llanto,sabes que tu pica es el encanto.

El vivir en guerra es tu única verdad,
una audición donde no entra la debilidad.

Sentir tu cuerpo, herencia del ayer,viejo tercio arrollador.

Hoy miras al frente con total creencia,
sabes que tu mirada es para el joven influencia,
tu estigma es de indomable batallador.

La tela de Borgoña portas grabada al fuego,
y sientes su latido en el pecho transmitiendo sentimientos de fortuna.

Espada y daga acuñadas para ajusticiar,
tus armas maldición para el enemigo,
su vida o la tuya eso es para ti negociar.

Mañana te visitará la muerte, aceptas tu castigo,
será una gran liberación o tal vez infortuna.


* Morir en Rocroi

Cuando escucho tus latidos,
se muy bien lo que siento,
es algo que me hacer sentir,es algo por lo que luchar.

Es tu legado lo que me hace pensar,
es como un hechizo que me atrapa,
será que tu historia encierra vida,que yo quiero formar parte de ella.

Será mi amor hacía a ti,por lo que late con fuerza,
soló se que ardes en mi interior,eterna lealtad hasta la tumba...

* Mayo de 1643, Tercio Viejo de Cartagena




El Hidalgo marcha con su lanza...

jueves, 30 de abril de 2009

De donde salio esta mina? Prosa contra corruptos...





De donde salió esta mina?


Que no sabe gobernar
Que solo sabe pasear
Y gastar nuestro dinero
Casada con un coimero
Vengativo y arrogante
Un estrábico atorrante
Que solo cosecha inquina

De dónde salió esta mina?
Que solo obedece al bizco
Mientras la plata del fisco
Se va a bolsillos privados
Y los ahorros ganados
los despilfarra en carteras,
Botox, joyas, peluqueras,
Haciéndose la que es fina.

De donde salió esta mina?
Que en el medio del derrumbe
Como que a ella no le incumbe
Se raja para otras tierras,
En tanto el llano y las sierras
Claman por más presupuesto
Mientras llueven los impuestos
Y estamos en la banquina.

De dónde salió esta mina?
Que es una reina maceta
Puro arreglarse la jeta
Llegando tarde a las citas
Cuando juega a las visitas
En países extranjeros
Reluciente de alajeros
Pero con alma de china.

De dónde salió esta mina?
Que solo piensa en su facha
Mientras la gente está en racha
De inflación despidos y hambre
Chicos flacos como alambre
Jubilados sin un peso
Maestros buscando un hueso
Y vacía la cocina.

De dónde salió esta mina ?

que no conoce el país
ni el sorgo, el trigo, el maíz,
que cree que es yuyo la soja,
y hace lo que se le antoja
mientras la patria empobrece
sin mirar que el hambre crece

¿De donde salió esta mina?


¡El Hidalgo clama Horca para los Traidores....!

lunes, 23 de marzo de 2009

A los Gauchos de Leopoldo Lugones

Les dejo una poesía de Leopoldo Lugones inaugurando su presencia en el blog.

Pues bueno no se me ocurrió poner ninguna poesía de el hasta ahora.

Nada mas. Les dejo una biografía y una poesía que hace alusión a el Gaucho baluarte de la identidad Argentina.

Un saludo

Leopoldo Lugones nació el 13 de junio de 1874 en la provincia de Córdoba, primer hijo de Santiago Lugones y Custodia Argüello. Su madre le enseñó las primeras letras y fue responsable de una formación católica muy estricta.
En su niñez su familia se trasladó a Santiago del Estero y más tarde a Ojo de Agua, una pequeña villa situada en el sur de la provincia homónima.
Más tarde sus padres lo envían a cursar el bachillerato en el Colegio Nacional de Monserrat, en Córdoba, donde vive con su abuela materna. En 1892 su familia se trasladaría a esa ciudad y en esa época comienza a realizar sus primeras experiencias en el campo del periodismo y la literatura.
En el año 1896 se traslada a Buenos Aires y contrae matrimonio con Juana González. En 1906 y 1911 realiza sendos viajes a Europa, travesías entonces consideradas imprescindibles en la elite intelectual porteña.
En 1897 nace su único hijo, Polo Lugones, quien sería jefe de policía durante la dictadura de José Félix Uriburu y de triste fama por ser considerado quien introdujo la picana eléctrica como método de tortura.
Mientras tanto, en Buenos Aires, genera constante polémica no tanto por su obra literaria sino por su protagonismo político que sufre fuertes virajes ideológicos a lo largo de su vida, pasando por el socialismo, el liberalismo, el conservadurismo y el fascismo.
Decepcionado, precisamente, por las circunstancias políticas de la década de 1930 y quizás por su propia militancia, se suicida el 18 de febrero de 1938 en un hotel del Tigre (llamado "El tropezón") al ingerir una mezcla de cianuro y whisky.



A LOS GAUCHOS

Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.

Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el cub de la taba
la existencia del varón.

Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preopación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.

El Hidalgo anda a caballo con su machete...

viernes, 13 de marzo de 2009

El joven que escribia poesia de Yukio Mishima


Para los jóvenes que escriben.



Gilberto Aceves-Navarro, El joven poeta





EL MUCHACHO QUE ESCRIBIA POESIA



Yukio Mishima



Poema tras poema fluía de su pluma con pasmosa facilidad. Le llevaba poco tiempo llenar las treinta páginas de uno de los cuadernos de la Escuela de los Pares. ¿Cómo era posible, se preguntaba el muchacho, que pudiera escribir dos o tres poemas por día? Una semana que estuvo enfermo en cama, compuso: "Una semana: Antología". Recortó un óvalo en la cubierta de su cuaderno para destacar la palabra "poemas" en la primera página. Abajo, escribió en inglés: "12th.-18th: May, 1940".
Sus poemas empezaban a llamar la atención de los estudiantes de los últimos años. La algarabía es por mis 15 años. Pero el muchacho confiaba en su genio. Empezó a ser atrevido cuando hablaba con los mayores. Quería dejar de decir "es posible", tenía que decir siempre "sí".
Estaba anémico de tanto masturbarse. Pero su propia fealdad no había empezado a molestarle. La poesía era algo aparte de esas sensaciones físicas de asco. La poesía era algo aparte de todo. En las sutiles mentiras de un poema aprendía el arte de mentir sutilmente. Solo importaba que las palabras fueran bellas. Todo el día estudiaba el diccionario.



Cuando estaba en éxtasis, un mundo de metáforas se materializaba ante sus ojos. La oruga hacía
encajes con las hojas del cerezo; un guijarro lanzado a través de robles esplendorosos volaba hacia el mar. Las garzas perforaban la ajada sábana del mar embravecido para buscar en el fondo a los ahogados. Los duraznos se maquillaban suavemente entre el zumbido de insectos dorados; el aire, como un arco de llamas tras una estatua, giraba y se retorcía en torno a una multitud que trataba de escapar. El ocaso presagiaba el mal: adquiría la oscura tintura del yodo. Los árboles de invierno levantaban hacia el cielo sus patas de madera. Y una muchacha estaba sentada junto a un horno, su cuerpo como una rosa ardiente. El se acercaba a la ventana y descubría que era una flor artificial. Su piel, como carne de gallina por el frío, se convertía en el gastado pétalo de una flor de terciopelo. Cuando el mundo se transformaba así era feliz. No le sorprendía que el nacimiento de un poema le trajera esta clase de felicidad. Sabía mentalmente que un poema nace de la tristeza, la maldición o la desesperanza del seno de la soledad. Pero para que este fuera su caso, necesitaba un interés más profundo en sí mismo, algún problema que lo abrumara. Aunque estaba convencido de su genio, tenía curiosamente muy poco interés en sí mismo. El mundo exterior le parecía más fascinante. Sería más preciso decir que en los momentos en que, sin motivo aparente era feliz, el mundo asumía dócilmente las formas que él deseaba.
Venía la poesía para resguardar sus momentos de felicidad, ¿o era el nacimiento de sus poemas lo que la hacía posible? No estaba seguro. Sólo sabía que era una felicidad diferente de la que sentía cuando sus padres le traían algo que había deseado por mucho tiempo o cuando lo llevaban de viaje, y que era una felicidad únicamente suya.
Al muchacho no le gustaba escrutar constante y atentamente el mundo exterior o su ser interior. Si el objeto que le llamaba la atención no se convertía de pronto en una imagen -si en un mediodía de mayo el brillo blancuzco de las hojas recién nacidas no se convertía en el oscuro fulgor de los capullos nocturnos del cerezo- se aburría al instante y dejaba de mirarlo. Rechazaba fríamente los objetos reales pero extraños que no podía transformar: "No hay poesía en eso".
Una mañana en que había previsto las preguntas de un examen, respondió rápidamente, puso las respuestas sobre el escritorio del profesor sin mirarlas siquiera, y salió antes que todos sus compañeros.
Cuando cruzaba los patios desiertos hacia la puerta, cayó en sus ojos el brillo de la esfera dorada del asta de la bandera. Una inefable sensación de felicidad se apoderó de él. La bandera no estaba alzada. No era día de fiesta. Pero sintió que era un día de fiesta para su espíritu, y que la esfera del asta lo celebraba. Su cerebro dio un rápido giro y se encaminó hacia la poesía. Hacia el éxtasis del momento.
La plenitud de esa soledad. Su extraordinaria ligereza. Cada recodo de su cuerpo intoxicado de lucidez.
La armonía entre el mundo exterior y su ser interior...
Cuando no caía naturalmente en ese estado, trataba de usar cualquier cosa a mano para inducir la misma intoxicación. Escudriñaba su cuarto a través de una caja de cigarrillos hecha con una veteada caparazón de tortuga. Agitaba el frasco de cosméticos de su madre y observaba la tumultuosa danza del polvo al abandonar la clara superficie del líquido y asentarse suavemente en el fondo.
Sin la menor emoción usaba palabras como "súplica", "maldición" y "desdén". El muchacho estaba en el Club Literario. Uno de los miembros del comité le había prestado una llave que le permitía entrar a la sede solo y a cualquier hora para sumergirse en sus diccionarios favoritos. Le gustaban las páginas sobre los poetas románticos en el "Diccionario de la literatura mundial": En sus retratos no tenían enmarañadas barbas de viejo, todos eran jóvenes y bellos.
Le interesaba la brevedad de las vidas de los poetas. Los poetas deben morir jóvenes. Pero incluso una muerte prematura era algo lejano para un quinceañero. Desde esta seguridad aritmética el muchacho podía contemplar la muerte prematura sin preocuparse.
Le gustaba el soneto de Wilde, "La tumba de Keats": "Despojado de la vida cuando eran nuevos el amor y la vida / aquí yace el más joven de los mártires". Había algo sorprendente en esos desastres reales que caían, benéficos, sobre los poetas. Creía en una armonía predeterminada. La armonía predeterminada en la biografía de un poeta. Creer en esto era como creer en su propio genio.
Le causaba placer imaginar largas elegías en su honor, la fama póstuma. Pero imaginar su propio
cadáver lo hacía sentirse torpe. Pensaba febrilmente, que viva como un cohete. Que con todo mi ser pinte el cielo nocturno un momento y me apague al instante. Consideraba todas las clases de vida y ninguna otra le parecía tolerable. El suicidio le repugnaba. La armonía predeterminada encontraría una
manera más satistactoria de matarlo.
La poesía empezaba a emperezar su espíritu. Si hubiera sido más diligente, habría pensado con más pasión en el suicidio.
En la reunión de la mañana el monitor de los estudiantes pronunció su nombre. Eso implicaba una pena más severa que ser llamado a la oficina del maestro. "Ya ssbes de qué se trata", le dijeron sus amigos para intimidarlo. Se puso pálido y le temblaban las manos.
El monitor, a la espera del muchacho, escribía algo con una punta de acero en las cenizas muertas del "hibachi". Cuando el muchacho entró, el monitor le dijo "siéntese", cortésmente. No hubo reprimenda. Le contó que había leído sus poemas en la revista de los egresados. Después le hizo muchas preguntas sobre la poesía y sobre su vida en el hogar. Al final le dijo: "Hay dos tipos: Schilla y Goethe. Sabe quién es Schilla, ¿no es cierto?"
""Schiller quiere decir?"
"Sí. No trate nunca de convertirse en un Schilla. Sea un Goethe".
El muchacho salió del cuarto del monitor y se arrastró hasta el salón de clase, insatisfecho y frunciendo el ceño. No había leído ni a Goethe ni a Schiller. Pero conocía sus retratos. "No me gusta Goethe. Es un viejo. Schiller es joven. Me gusta más".
El presidente del Club Literario, un joven llamado R que le llevaba cinco años, empezó a protegerlo.
También a él le gustaba R, porque era indudable que se consideraba un genio anónimo, y porque
reconocía el genio del muchacho sin tener para nada en cuenta su diferencia de edades. Los genios tenían que ser amigos.
R era hijo de un Par. Se daba los aires de un Villiers de l'Isle Adam, se sentía orgulloso del noble linaje de su familia y empapaba su obra con una nastalgia decadente de la tradición aristocrática de las letras.
R, además, había publicado una edición privada de sus poemas y ensayos. El muchacho sintió la
envidia.
Intercambiaban largas cartas todos los días. Les gustaba esta rutina. Casi las mañanas llegaba a casa del muchacho una carta de R en un sobre al estilo occidental, del color del melocotón. Por largas que fueran las cartas no pasaban de un cierto peso; lo que le encantaba al muchacho era esa voluminosa
ligereza, esa sensación de que estaban llenas pero de que flotaban. Al final de la carta copiaba un
poema reciente, escrito ese mismo día, o si no había tenido tiempo, un poema anterior.
El contenido de las cartas era trivial. Empezaban con una crítica del poema que el otro había enviado en la última carta, a la que seguía una palabrería inacabable en la que cada cual hablaba de la música que había escuchado, los episodios diarios de su familia, las impresiones de las muchachas que le habían parecido bellas, los libros que había leído, las experiencias poéticas en las que una palabra revelaba mundos, y así sucesivamente. Ni el joven de veinte años ni el muchacho de quince se cansaban de este hábito.
Pero el muchacho reconocía en las cartas de R una pálida melancolía, la sombra de un ligero malestar que sabía no estaba nunca presente en las suyas. Un recelo ante la realidad, una ansiedad de algo a lo que pronto tendría que enfrentarse le daban a las cartas de R un cierto espíritu de soledad y de dolor. El tranquilo muchacho percibía este espíritu como una sombra sin importancia que nunca caería sobre él.
¿Veré alguna vez la fealdad? El muchacho se planteaba problemas de esta clase; no los esperaba. La vejez, por ejemplo, que rindió a Goethe después de soportarla muchos años. No se le había ocurrido nunca pensar en algo como la vejez. Hasta la flor de la juventud, bella para unos fea para otros, estaba tadavía muy lejos. Olvidaba la fealdad que descubría en sí mismo.
El muchacho estaba cautivado por la ilusión que confunde al arte con el artista, la ilusión que proyectan en el artista las muchachas ingenuas y consentidas. No le interesaba el análisis y el estudio de ese ser que era él mismo, en quien siempre soñaba. Pertenecía al mundo de la metáfora, al interminable calidoscopio en el que la desnudez de una muchacha se convertía en una flor artificial. Quien hace cosas bellas no puede ser feo. Era un pensamiento tercamente enraizado en su cerebro, pero inexplicablemente no se hacía nunca la pregunta más importante: ¿Era necesario que alguien bello hiciera cosas bellas?
¿Necesario? El muchacho se hubiera reído de la palabra. Sus poemas no nacían de la necesidad. Le venían naturalmente; aunque tratara de negarlos, los poemas mismos movían su mano y lo obligaban a escribir. La necesidad implicaba una carencia, algo que no podía concebir en sí mismo. Reducía, en primer lugar, las fuentes de su poesía a la palabra "genio", y no podía creer que hubiera en él una carencia de la que no fuera consciente. Y aunque lo fuera, prefería llamarlo "genio" y no carencia.
No que fuera incapaz de criticar sus propios poemas. Había, por ejemplo, un poema de cuatro versos que los mayores alababan con extravagancia; le parecía frívolo y le daba pena. Era un poema que decía:
así como el borde transparente de este vidrio tiene un fulgor azul, así tus límpidos ojos pueden esconder un destello de amor.
Los elogios de los demás le encantaban al muchacho, pero su arrogancia no le permitía ahogarse en ellos. La verdad era que ni siquiera el talento de R le impresionaba mucho. Claro que R tenía suficiente talento como para distinguirse entre los estudiantes avanzados del Club Literario, pero eso no quería decir nada. Había un rincón frígido en el corazón del muchacho. Si R no hubiera agotado su tesoro verbal para alabar el talento del muchacho, quizás el muchacho no hubiera hecho ningún esfuerzo para reconocer el de R.
Se daba perfecta cuenta de que el premio a su gusto ocasional por ese tranquilo placer era la ausencia de cualquier brusca excitación adoleseente. Dos veces al año, las escuelas tenían series de béisbol que llamaban los "Juegos de la Liga". Cuando la Escuela de los Pares perdía, los estudiantes de penúltimo año que habían vitoreado a los jugadores durante el partido los rodeaban y compartían sus sollozos. El nunca lloraba. Ni se sentía triste. "¿Para qué sentirse triste? ¿Porque perdimos un partido de béisbol?"
Le sorprendían esas caras llorosas, tan extrañas. El muchacho sabía que sentía las cosas con facilidad, pero su sensibilidad se encaminaba en una dirección diferente a la de todos los demás. Las cosas que los hacían llorar no tenían eco en su corazón. El muchacho empezó a hacer cada vez más que el amor fuera el tema de su poesía. Nunca había amado. Pero le aburría basar su poesía solamente en las transformaciones de la naturaleza, y se puso a cantar las metamorfosis que de momento a momento ocurren en el alma.
No le remordía cantar lo que no había vivido. Algo en él siempre había creído que el arte era esto
exactamente. No se lamentaba de su falta de experiencia. No había oposición ni tensión entre el mundo que le quedaba por vivir y el mundo que tenía dentro de sí. No tenía que ir muy lejos para creer en la superioridad de su mundo interior; una especie de confianza irracional le permitía creer que no había en el mundo emoción que le quedara por sentir. Porque el muchacho pensaba que un espíritu tan agudo y sensible como el suyo ya había aprehendido los arquetipos de todas las emociones, aunque fuera
algunas veces como puras premoniciones, que toda la experiencia se podía reconstruir con las
combinaciones apropiadas de estos elementos de la emoción. Pero, ¿cuáles eran estos elementos? El tenía su propia y arbitraria definición: "Las palabras".
No que el muchacho hubiera llegado a una maestría de las palabras que fuera genuinamente suya. Pero pensaba que la universalidad de muchas de las palabras que encontraba en el diccionario las hacía variadas en su significado y con distinto contenido y, por lo tanto, disponibles para su uso personal, para un empleo individual y único. No se le ocurría que solo la experiencia podía darle a las palabras color y plenitud creativa.
El primer encuentro entre nuestro mundo interior y el lenguaje enfrenta algo totalmente individual con algo universal. Es también la ocasión para que un individuo, refinado por lo universal, por fin se reconozca. El quinceañero estaba más que familiarizado con esta indescriptible experiencia interior. Porque la desarmonía que sentía al encontrar una nueva palabra también le hacía sentir una emoción desconocida. Lo ayudaba a mantener una calma exterior incompatible con su juventud. Cuando una cierta emoción se apoderaba de él, la desarmonía que despertaba lo llevaba a recordar los elementos de la desarmonía que había sentido antes de la palabra. Recordaba entonces la palabra y la usaba para nombrar la emoción que tenía ante sí. El muchacho se hizo práctico en disponer así de las emociones.
Fue así como conoció todas las cosas: la "humillación", la "agonía", la "desesperanza", la execración", la "alegría del amor", la "pena del desamor".
Le hubiera sido fácil recurrir a la imaginación. Pero el muchacho dudaba en hacerlo. La imaginación necesita una clase de identificación en la que el ser se duele con el dolor de los demás. El muchacho, en su frialdad, no sentía nunca el dolor de los demás. Sin sentir el menor dolor se susurraba: "Eso es dolor,
es algo que conozco". Era una soleada tarde de mayo. Las clases se habían acabado. El muchacho caminaba hacia la sede del Club Literario para ver si había alguien allí con quien pudiera hablar camino a casa. Se encontró con R, quien le dijo: "Estaba esperando que nos encontráramos. Charlemos".
Entraron al edificio estilo cuartel en el que los salones de clase habían sido divididos con tabiques para alojar los diferentes clubes. El Club Literario estaba en una esquina del oscuro primer piso. Alcanzaban a oir ruidos, risas y el himno del colegio en el Club Deportivo, y el eco de un piano en el Club Musical. R. metió la llave en la cerradura de la sucia puerta de madera. Era una puerta que aún sin llave había que abrir a empujones.
El cuarto estaba vacío. Can el habitual olor a polvo. R entró y abrió la ventana, palmoteó para quitarse el polvo de las manos y se sentó en un asiento desvencijado.
Cuando ya estaban instalados el muchacho empezó a hablar. "Anoche vi un sueño en colores". (El muchacho se imaginaba que los sueños en colores era prerrogativa de les poetas). "Había una colina de tierra roja. La tierra era de un rojo encendido, y el atardecer, rojo y brillante, hacía su color más resplandeciente. De la derecha vino entonces un hombre arrastrando una larga cadena. Un pavo real cuatro o cinco veces más grande que el hombre iba atado a su extremo y recogía sus plumas arrastrándose lentamente frente a mí. El pavo real era de un verde vivo. Todo su cuerpo era verde y brillaba hermosamente. Seguí mirando el pavo real a medida que era arrastrado hacia lo lejos, hasta que no pude verlo más... Fue un sueño fantástico. Mis sueños son muy vívidos cuando son en colores, casi demasiado vívidos. ¿Qué querría decir un pavo real verde para Freud?"
"Qué querría decir?"
R no parecía muy interesado. Estaba distinto que siempre. Estaba igual de pálido, pero su voz no tenía su usual tono tranquilo y afiebrado, ni respondía con pasión. Había aparentemente escuchado el monólogo del muchacho con indiferencia. No, no lo escuchaba.
El afectado y alto cuello del uniforme de R estaba espolvoreado de caspa. La luz turbia hacía que
refulgiera el capullo de cerezo de su emblema de oro, y alargaba su nariz, de por sí bastante grande. Era de forma elegante pero un tris más grande de lo debido, y mostraba una inconfundible expresión de ansiedad. La angustia de R parecía manifestarse en su nariz.
Sobre el escritorio había unas viejas galeras cubiertas de polvo y reglas, lápices rojos, laca, volúmenes empastados de la revista de los egresados y manuscritos que alguien había empezado. El muchacho amaba esta confusión literaria. R revolvió las galeras como si estuviera ordenando las cosas a regañadientes, y sus dedos blancos y delgados se ensuciaron con el polvo. El muchacho hizo un gesto de burla. Pero R chasqueó la lengua en señal de molestia, se sacudió el polvo de las manos y dijo:
"La verdad es que hoy quería hablar contigo de algo".
"De qué?"
"La verdad es...". R vaciló primero pero luego escupió las palabras. "Sufro. Me ha pasado algo terrible".
"¿Estás enamorado?" preguntó fríamente el muchacho.
"Sí".
R explicó las circunstancias. Se había enamorado de la joven esposa de otro, había sido descubierto por su padre, y le habían prohibido volver a verla. El muchacho se quedó mirando a R con los ojos desorbitados. "He aquí a alguien enamorado. Por primera vez puedo ver el amor con mis ojos". No era un bello espectáculo. Era más bien desagradable.
La habitual vitatidad de R había desaparecido; estaba cabizbajo. Parecía malhumorado. El muchacho había observado a menudo esta expresión en las caras de personas que habían perdido algo o a quienes había dejado el tren.
Pero que un mayor tuviera confianza en él era un halago a su vanidad. No se sentía triste. Hizo un valeroso esfuerzo por asumir un aspeeto melancólico. Pero el aire banal de una persona enamorada era difícil de soportar.
Por fin halló unas palabras de consuelo.
"Es terrible. Pern estoy seguro que de ello saldrá un buen poema".
R respondió débilmente: "Este no es momento para la poesía".
"¿Pero no es la poesía una salvación en momentos como este?"
La felicidad que causa la creación de un poema pasó como un rayo por la mente del muchacho. Pensó que cualquier pena o agonía podía ser eliminada mediante el poder de esa felicidad.
"Las cosas no funcionan así. Tú no comprendes todavía".
Esta frase hirió el orgullo del muchacho. Su corazón se heló y planeó la venganza.
"Pero si fueras un verdadero poeta, un genio, ¿no te salvaría la poesía en un momento como este?"
"Goethe escribió el Werther", respondió R, "y se salvó del suicidio. Pero sólo pudo escribirlo porque, en el fondo de su alma, sabía que nada, ni la poesía, lo podría salvar, y que lo único que quedaba era el
suicidio".
"Entonces, ¿por qué no se suicidó Goethe? Si escribir y el suicidio son la misma cosa, ¿por qué no se suicidó? ¿Porque era un cobarde? ¿O porque era un genio?"
"Porque era un genio".
"Entonces..."
El muchacho iba a insistir en una pregunta más, pera ni él mismo la comprendía. Se hizo vagamente a la idea de que lo que había salvado a Goethe era el egoísmo. La idea de usar esta noción para defenderse se apoderó de él.
La frase de R, "Tú no comprendes todavía", lo había herido profundamente. A sus años no había nada más fuerte que la sensación de inferioridad por la edad. Aunque no se atrevió a pronunciarla, una proposición que se burlaba de R había surgido en su mente: "No es un genio. Se enamora".
El amor de R era sin duda verdadero. Era la clase de amor que un genio nunca debe tener. R, para adornar su miseria, recurría al amor de Fujitsubo y Gengi, de Peleas y Melisande, de Tristán e Isolda, de la princesa de Cleves y el duque de Némours como ejemplos del amor ilícito.
A medida que escuchaba, el muchacho se escandalizaba de que no había en la confesión de R ni un solo elemento que no conociera. Todo había sido escrito, todo había sido previsto, todo había sido ensayado. El amor escrito en los libros era más vital que éste. El amor cantado en los poemas era más bello. No podía comprender por qué R recurría a la realidad para tener sueños sublimes. No podía comprender este deseo de lo mediocre.
R parecía haberse calmado con sus palabras, y ahora empezó a hacer un largo recuento de los
atributos de la muchacha. Debía de ser una belleza extraordinaria, pero el muchacho no se la podía imaginar. "La próxima vez te muestro su retrato", dijo R. Luego, no sin vergüenza, terminó dramáticamente:
"Me dijo que mi frente era realmente muy hermosa".
El muchacho se fijó en la frente de R, bajo el pelo peinado hacia atrás. Era abultada y la piel relucía débilmente bajo la luz opaca que entraba por la puerta; daba la impresión de que tenía dos protuberancias, cada una tan grande como un puño.
"Es un cejudo" , pensó el muchacho. No le parecía nada hermoso. Mi frente también es abultada, se dijo. Ser cejudo y ser bien parecido no son la misma cosa.
En ese momento el muchacho tuvo la revelación de algo. Había visto la ridícula impureza que siempre se entremete en nuestra conciencia del amor o de la vida, esa ridícula impureza sin la cual no podemos sobrevivir ni en ésta ni en aquel: es decir, la convicción de que el ser cejijuntos nos hace bellos.
El muchacho pensó que también él, quizás, de un modo más intelectual, estaba abriéndose camino en la vida gracias a una convicción parecida. Algo en ese pensamiento lo hizo estremecerse. "¿En qué piensas?" preguntó R, suavemente, como de costumbre.
El muchacho se mordió los labios y sonrió. El día se estaba oscureciendo. Oyó los gritos que llegaban desde donde practicaba el Club de Béisbol. Percibió un eco lúcido cuando una pelota golpeada por bate fue lanzada hacia el cielo. Algún día, tal vez, yo también deje de escribir poesía, pensó el muchacho por primera vez en su vida. Pero todavía le quedaba por descubrir que nunca había sido poeta.



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El Hidalgo Saluda a los jovenes poetas...